Chile lindo
En Septiembre, a las puertas de la celebración del Bicentenario de Chile, florece en todos nosotros un sentimiento nacionalista-patriótico que muchas veces no se aprecia el resto del año. Cuando se aproximan las celebraciones de fiestas patrias, nos sentimos más chilenos que nunca, creemos que nuestro país es el mejor del mundo. Se nos pasan por la cabeza un sin fin de situaciones, recordamos a los gestores de nuestra vida republicana, cantamos el himno nacional con orgullo, nos emocionamos al ver nuestra bandera flamear por los aires de nuestro país independiente; además dejamos de lado, en cierta medida, factores de confort presentes en nuestro diario vivir y nos dejamos encantar por tradiciones chilenas que dan mayor realce a ésta celebración: el trompo, la rayuela, el palo ensebado, el volantín, el rodeo, por nombrar algunos, juegos y tradiciones populares que la otra parte del año pasan inadvertidos. Hoy más que nunca nos reencontramos con la menospreciada imagen del huaso chileno, y su acompañante la china, símbolo fehaciente de que estamos en el mes de la patria y que una gran fiesta se aproxima.
El próximo año nuestro país cumplirá doscientos años vida independiente, forjaremos, todos, de ahí en adelante un futuro más próspero y digno, vamos a cumplir doscientos años y aún no somos capaces de terminar con la pobreza, vamos a cumplir doscientos años y aún no alcanzamos estándares desarrollados, ojalá que el Bicentenario marque el comienzo de una lucha insaciable por hacer de Chile un mejor país.
El sentimiento de chilenidad debe mantenerse los 365 días del año y no la semana del 18 de Septiembre, ser chileno, va más allá de tomar chicha en cacho y comerse una empanada, va más allá de ir a bailar a una fonda, incluso va más allá de saber bailar cueca, el ser chileno incluye la sencilla acción de pensar en el prójimo, de compartir una simple sonrisa y/o consejo con la persona de al lado y dejar atrás los egoísmos, y así contribuir a que Chile y todos nosotros podamos día a día sentirnos más satisfechos con lo que estamos haciendo, por menor que sea ésta acción.
Tenemos muchas tareas por cumplir, nos quedan varios vacíos que llenar, no hay duda que los chilenos somos personas con defectos y virtudes, tenemos una identidad tan dispersa y tan unida a la vez, nos parecemos tanto y al mismo tiempo somos tan distintos, tal vez eso nos hace falta, poder unir nuestras fuerzas y hacer de Chile una sola persona, un solo sentimiento, una sola nación.
En estos días no hay radio donde no se toque la cueca, es imposible no ver niños elevando volantines, encontrar una fonda no es tarea difícil. Como chilenos de eso si tenemos que estar orgullosos, nosotros sí sabemos celebrar, podemos estar en la crisis económica más aguda de nuestras vidas y sin embargo nos amanecemos en las ramadas y fondas, probablemente no tengamos dinero para comprar alimentos para los próximos días del mes, pero el 18 es uno solo y hay que vivirlo al máximo. Como dice el refrán popular “lo comido y lo bailado no lo quita nadie.
El próximo año la celebración tiene que ser mayor, mal que mal son doscientos años de vida que se celebran, a lo largo de nuestra historia hemos sufrido tantos fracasos y también tantos triunfos, todas estas situaciones históricas que nos dividen, en septiembre se echan al olvido para ser una sola sociedad, colocolinos y azules, comunistas y neoliberales, todos con distintos sueños, pero con un mismo sentimiento, amor a Chile y a su gente. Ojalá que el entusiasmo presente en estas fechas se expanda durante todo el año, que podamos extinguir la típica cara de disgustados y borrar de nuestro diccionario la palabra amargado. Que esas mismas ganas que tenemos para zapatear un cueca brava, la tengamos todos los días de la vida, seamos felices, esa es la primera tarea del Bicentenario.
¡Viva Chile!
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