Chile un pais de criterios paradojicos
Camilo Navarrete
Director de Estrategias y Creatividad, Orelworks
Es impresionante la diversidad de criterios que podemos encontrar en este país. Parece que los chilenos funcionáramos como un termómetro. Somos una larga faja de tierra, en el norte hace calor y en el sur frío. En Santiago, la ciudad donde vivo, los ricos viven arriba y los pobres abajo, todos lo saben, pero para tipos como yo, que no nacieron acá, este fenómeno tiene muchos más matices, sobretodo si te gusta observar.
Estoy muy de acuerdo con que Santiago no es Chile, creo que el encanto de nuestro país está en cada uno de los 4.329 kilómetros de nuestra tierra.
Si buscáramos entender en un 100% a la sociedad chilena nos volveríamos locos. Si nos duele la cabeza y queremos una aspirina, ir a la farmacia es toda una experiencia. Están por todos lados e incluso podemos ver dos de la misma marca como locales vecinos, llenas y atiborradas de personas ansiosas para que el número que les tocó avance rápido.
Existen muchos mitos en esta sociedad. ¿Se acuerdan los celulares de palo de los 90 o de las mujeres que llenaban su carro de supermercados con caviar y whisky, saludaban a sus “amistades”, dejaban el carro tal cual y se iban?. Son historias urbanas que nunca vi, pero que no me extrañaría que fueran cierto. En Chile existe una diversidad de estereotipos muy atractiva para el observador. Y creo que se comprueba sólo con ver la cantidad de tribus urbanas y derivados made in Chile. El Pokemón es un producto nacional con potenciales de exportación. Los pitucos, pirulos, pijes, cuicos o pelolais. Los rotos, rascas, cumas, flaytes o chipamoglis, también. Muchos nuevos adjetivos, palabras pegajosas y simpáticas son cosas que nos caracterizan plenamente. Si existiera un concurso mundial de poner sobrenombres, seríamos monarcas absolutos. ¿Quién no conoce a un negro, un guatón, un chico, un cabezón, un pelao, un rubio?, ¿Se han dado cuenta la cantidad de Franciscas, Felipes, Catalinas o Juanes que hay acá?. Eso es Chile, señores.
La sociedad chilena vive hoy un momento muy particular: un proceso de transición generacional. Pero muchos no se han dado cuenta. Estamos en un mundo muy dinámico y al que tenemos que adaptarnos. La tolerancia es fundamental. Creo que a los jóvenes ya no les impacta de la misma manera que a los adultos mayores ver a dos hombres de la mano o dos mujeres besándose en público. Tenemos cada vez mayor libertad y eso es directamente proporcional a que nuestros padres lo están entendiendo así.
Las relaciones sexuales antes del matrimonio no son un tabú. Somos la generación más liberal y culturalmente diversa nunca antes vista.
Creo que fumar marihuana no es tan malo si uno conoce sus límites. No discrimino a las personas por su condición sexual, aunque la mía no sea la misma. Creo en Dios, pero no voy a la iglesia y no siento culpa por ser no ser católico. Los jóvenes de hoy sabemos vivir en este mundo porque cada día aprendemos a ser más tolerantes, esa es nuestra esencia. Sin embargo, existe un gran conflicto de intereses donde nuestro rol es fundamental. A veces , el sistema, el establishment y la misma política reprimen toda la fuerza y toda la libertad que nos caracteriza, porque el vacío generacional entre nosotros y quienes manejan este país es abismal.
No tengo problema en decir que mi abuelo tenía una foto de Pinochet en su casa, y no lo critico, porque cada chileno vivió su realidad, pero vivir del pasado no es construir y yo no pienso igual que mi abuelo.
Los políticos son los mismos de hace 20 y 30 años, y a nosotros no nos interesan, porque representan al Chile del pasado, al Chile donde los apellidos aún influyen (La importancia que se le da a los apellidos en este país es absolutamente ridícula).
Creo que la única manera en que los cambios se produzcan de verdad es volviendo a despertar el interés de los jóvenes en la política. Política no significa partido político ni políticos, política es construir el país donde queremos vivir.
1 de cada 5 jóvenes entre 18 y 29 años vota y eso no puede ser. Paradójicamente la generación que creció con la democracia son quienes dejaron de votar. Entiendo que el sistema de votación es asqueroso, pero creo que es nuestra obligación participar. Como un acto de patriotismo incluso. Soy un convencido de que los jóvenes sí podemos cambiar el mundo. Pero el mundo no va a cambiar si no hacemos nada, hay mucho por construir y creo que este espacio es un buen comienzo. La clave está en dejar de mirarnos el ombligo y comenzar a ponernos a trabajar.
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