El mito de las elecciones como legitimador de la Democracia
Herman Flores R.
El Sábado, 16 de enero de 2010
A pocas horas de que se lleve a cabo el proceso eleccionario de segunda vuelta, y a un paso de definir el curso de Chile (que no se debe entender en el corto plazo de 4 años), aparece con mayor soberbia la imagen del ciudadano “seguro”, y casi estoico en el nombre que dará vida a la lectura del cofre a escrutar. Pero esta seguridad, entendida como poder de decisión ciudadano, pareciera estar cimentada en factores irrisorios, que en la debilidad de su fundamento se convierten rápidamente en un capricho. Podemos considerar en ellos, motivadores hereditarios, casi genéticos en su condición de permanecer impermeables y estáticos; impermeable en su incapacidad de absorber razones, (estudios, medios, discursos, símbolos) que disten de la figura o bandera enarbolada; y estáticos en su capacidad de mantenerse en el tiempo sobre una misma base, evitando el movimiento y adaptación a los medios, así como también, la incorporación de nuevas referencias o fundamentos de su decisión. Por otra parte, se delimita en esta consecuencia, una cultura débil, y que no es débil por causa desconocida, sino por un pasado que sigue siendo próximo, cercano y presente, dado en su origen por la receta de la “Industrialización a la Neoliberal “. En ella se dinamiza el mercado a un ritmo mayor al que se puede controlar, sumida en un “laissez faire” donde se diversifica la rama de oferta, y necesidades como consecuencia de la primera. el consecuente costo de oportunidad desplaza las prioridades de consumo intelectual como constructores del YO, clasificando como nuevos contribuyentes de este a una cantidad en continua competencia de “accesorios”. En esta maquina de picar 1-2-3 también han cambiado los precios acorde a la demanda, los accesorios por cuanto son mas “requeridos” (entiéndase en esta nueva forma de vivir) varían en precios cada vez mas exequibles, mientras la cultura adolece de gran oferta por tener un rango de consumidores en descenso o escaso. Este fenómeno entra en acción sobre el desplazamiento de los valores de Autoexpresión y cultura cívica (hecho que caracterizara y diera sentido a la democracia ateniense) trastornando por consiguiente un proceso tan primordial como lo son las elecciones.
Uno de los trastornos más avistables en la sociedad, es su participación como simples “entes anuladores”, aquellos que en su convicción incompleta, ven en un candidato la opción para anular al “detestado”.
Otros que aun no convencidos en totalidad de su opción, erigen su posición en parámetros de negatividad, es decir, eligen al que no contraríe mayormente sus ideales, “al menos malo”.
Y por último, y como consecuencia más grave de la falta de cultura, esta el mayoritario grupo de electores que se encuentra convencido de su decisión, bajo un grado de desconocimiento abrumante. La mayoría inconciente que somete a la población completa, al veredicto errado de su inconciencia.
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