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Opinion


Jovenes apoliticos Un capricho juvenil o un verdadero malestar

Erick Layana Venenciano



“El delito de los que nos engañan no está en el engaño,
sino en que ya no nos dejan seguir soñando”


(Víctor Ruiz Iriarte)


Como joven es muy difícil criticar a tus pares, sin embargo hay que tener en cuenta que sólo es un punto de vista que puede perfectamente disentir de otros, tal vez más ciertos que éste. Pero qué pasa realmente con los jóvenes de nuestro país, donde la participación política y social es prácticamente nula, realmente somos tan despreocupados por el bien común de una sociedad con sus virtudes y defectos como la nuestra, por qué nos da lo mismo el desarrollo político, legislativo y social de un país, pero no de cualquier país, sino de Chile, nuestra nación, nuestro hogar.

Al plantear nuevamente la pregunta respecto al desinterés de la juventud por la política, si es un mero capricho o una justificada decisión, creo que las dos situaciones se acercan a la génesis de la problemática.

Al analizar el contexto del mero capricho juvenil se puede apreciar que los jóvenes muchas veces sentimos que la política es una mierda, pero no hacemos absolutamente nada por cambiarla. Nos quedamos sentados viendo la televisión mientras se discuten en el Congresos leyes que van a regir nuestra vida y la de nuestros futuros hijos y nietos perfectamente, no somos capaces de alzar la voz y decir coherentemente lo que pensamos del sistema de educación pública, del servicio hospitalario, de una posible renacionalización del cobre, por qué no tenemos opinión, la que sea, respecto a temas de libertad sexual reproductiva de las mujeres como el aborto o la píldora del día después, por qué dejamos que señores que no hemos visto en nuestras vidas decidan por todo un país sin mayores obstáculos en el camino, y a nosotros nos da prácticamente lo mismo.

Realmente nosotros los jóvenes estamos en un estado de inercia y egoísmo donde lo único que nos interesa es nuestro metro cuadrado, pero no tenemos idea si nuestro vecino está pasando hambre, ni siquiera somos capaces de saludar o regalar una sencilla sonrisa a esas personas que vemos todos los días en nuestro barrio, en los colegios, en la plaza donde sea, nos importa tan poco el bien común que nos da lo mismo que jóvenes como cualquiera se suiciden día tras día, o nos da lo mismo que sigan los abusos descarados de las autoridades que nosotros mismos elegimos en su momento, creo que es hora de reaccionar.

Al preguntar a jóvenes qué opinión les merece la política nacional, ellos responde la conocida frase: “no estoy ni ahí”, pero si no nos interesa lo que pasa a nivel político, de una u otra manera somos cómplices de la descarada sinvergüenzura que cometen nuestros políticos y al mismo tiempo los avalamos. Si nos diéramos el tiempo de dejar un momento de lado el computador, la televisión, y nos interesemos por mejorar este sistema, por informarnos de la actualidad nacional, y que pueda florecer en nosotros esa motivación, utópica tal vez, de cambiar el mundo, ahí recién vamos a ser útiles a nuestra nación, a nuestras familias.

Perfectamente esta apatía con la política es por situaciones como ésta, de la falta de motivación y por el egoísmo presente en nuestras vidas, por ende se hace tan fácil criticar desde afuera, sin atreverse a dar soluciones y aportar por menor que sea desde adentro.

Y al analizar el segundo argumento de un justificado malestar, también es muy válido discutirlo, porque motivos hay de sobra para tener nauseas al hablar de política y de políticos. Es realmente sorprendente ver como nuestra política cada vez más se privatiza y se hace patrimonio personal de señores ABC 1, que viven en el sector oriente de la capital, pero que de necesidades campesinas, de los problemas de salud rural no tienen la mínima idea. Ver a nuestros políticos hacer el ridículo, como verdaderos payasos de circo de baja categoría, acusándose unos con otros de sus errores pasados, ver la agresividad que utilizan, las descalificaciones con el fin de conseguir su ansiada victoria, de satisfacer sus antojos de ilimitado poder, da, objetivamente, asco.
Es muy probable que los culpables de que los jóvenes no participen activamente en temas de contingencia política sea de los mismos políticos, quienes son capaces de declararse verdaderos dioses y ofrecer solucionar los problemas de la gente, pero por otro lado se ríen de lo idiota que somos al creer en sus interesadas ofertas, porque es de más decir que no dejan nada al azar, todo tiene un fin personal para seguir aumentando su fortuna, sin importar que la gente de esfuerzo pague los platos rotos, mientras ellos sigan viviendo en un país, para ellos espectacular, donde prima un neoliberalismo bruto, donde el cinismo es extremo, donde creen tener la única verdad de la vida al más estilo del opus dei de la derecha dura o “conservadora” chilena, o perfectamente acomodan el Estado de Derecho a su favor mientras existe gente que no recibe justicia, que se ven desamparados por un Estado poco eficiente para los pobres pero que es maravilloso para nuestros políticos. Y lo más interesante es que se molestan y/o quejan de la falta de participación juvenil en la política, y cuando los jóvenes nos atrevemos a participar en movimientos sociales, en foros de opinión, etc. nos insultan y nos tratan de manera despectiva como si fuéramos unos niños idiotas, malcriados y anarquistas que no sabemos nada, con qué cara, creo que esto ralla en el cinismo absoluto.

Probablemente se justifique que la juventud chilena tenga cero interés de intervenir en el quehacer político, al ver señores de corbata que lo único que conocen de pobreza es que se escribe con “z”, es impresentable observar por nuestra parte como comienzan a lanzar verborreas en extremo descalificadoras a sus rivales con fines electorales en una especie de paredón popular de fusilamiento, descalificando gratuitamente,saltándose todo principio de educación y respeto, por qué no hacen algo mucho mejor, y gastan esa pasión y energía al insultarse unos con otros en solucionar verdaderamente los problemas de los chilenos que ya comenzamos a desilusionarnos de la acción política llevada a cabo en nuestro país.

Perfectamente los jóvenes podemos participar en la política, aportando ideas, contribuyendo en la construcción de un Chile mejor, con igualdad de condiciones, con una sana competencia no la del más poderoso que pisotea al humilde, con personajes que se merezcan el titulo de “servidores públicos”, recién ahí la juventud se interesarán por la política en toda su dimensión. Pero mientras sigan en el poder personajes egocéntricos, megalómanos, arrogantes y prepotentes: que anhelan lujos, una vida licenciosa, se creen dueños de las personas, piensan que el poder es un patrimonio personal, como los antiguos patrones de fundo, donde veamos una oligarquía financiera que les gusta ser servidos por personas que sufren humillaciones, gente que se incomoda al escuchar la ya extinguida frase; bien común. Mientras ellos sigan metiendo sus sucias manos en la actividad política, jóvenes no habrán para mirar como se roba.

Al hacer una síntesis de por qué los jóvenes tenemos este recelo por la política perfectamente pueden adoptarse cualquiera de los puntos, por un lugar un simple capricho juvenil y por otro lado una justificada ignorancia del funcionamiento estatal. Sin embargo ninguna justifica que los jóvenes de hoy estemos tan apáticos con todo, donde aún no comprendemos que vivimos en una sociedad, materialista, clasista, competitiva, insensible, grosera, pero sociedad al fin. Puede sonar que los jóvenes estamos llenos de resentimientos, pero va más allá de eso, es otra cosa la que queremos, buscamos un cambio real, un cambio de verdad.

Que existan personas que hagan de la política un mal vicio no es un argumento suficiente para mantenerse ajena a ella, creo en lo personal que cometemos un error al alejarnos de los problemas, en cambio hay que proponerse ayudar a cambiar las cosas desde adentro, donde las papas queman, según el criollo refrán. Cuando entendamos esa concepción de las cosas podemos estar muy cerca de mejorar Chile, de cambiar el miserable mundo en el que vivimos.
Sí hay que dejar en claro que los jóvenes estamos en un estado de reposo, pero que más temprano que tarde despertaremos y haremos saber nuestras ideas, pero con un fin que traspasa todo deseo político, con un fin de vida.

Mientras tanto solo nos queda pedirle a nuestra clase política que no insistan en lograr un afianzamiento de su liderazgo y su propia autoestima pisoteando la dignidad de los demás, pues eso, en su momento les va a pasar la cuenta y van a lamentar no haber hecho las cosas con decencia.

Jóvenes es hora de despertar.


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