Viva el campo pero solo en septiembre
Cristian Herrera.
Los aires dieciocheros y el aniversario de nuestra patria colocan en el primer plano las tradiciones campesinas, que aún se mantienen vivas en nuestro país. Si para algunos, las fiestas patrias son una oportunidad para vestirse de huasos, andar a caballo, como parte de un tour turístico, hay personas que durante todo el año viven igual. Hacen empanadas o pan en horno de barro, se movilizan en sus caballos o sus burros y son quienes día a día nos recuerdan nuestra cultura olvidada.
En septiembre no hay autoridad que no diga lo importante que es para el país mantener vivas sus tradiciones, pero será por el efecto de la chicha o sólo porque son palabras de buena crianza, es cosa de mirar sus decisiones para percatarse que estas palabras se las lleva el viento más que a un volantín en comisión con hilo sano.
En las comunas más pequeñas el aporte de privados es casi nulo, con las excepciones de aquellas que tienen grandes mineras, por lo cual el gobierno regional debiera compensar estas menores oportunidades de los habitantes del campo con la asignación de mayores presupuestos. Situación que es lógica pero que en la realidad no se da, sino que todo lo contrario porque se continúan acrecentando las diferencias.
La asignación de los Fondos de Cultura por parte del Core es una vergüenza para aquellos habitantes del campo que intentan mantener viva las tradiciones. Del 100% de los recursos, La Serena, la más urbana de las comuna de la región de Coquimbo, se lleva el 25% del total, igual porcentaje se reparte toda la provincia del Choapa y un 26% toda la provincia de Limarí.
Los Consejeros Regionales de las provincias más pequeñas de la región y el Intendente le deben una explicación a sus habitantes, porque esta asignación no se debe a falta de proyectos, sino a una decisión política. Es impensado que La Serena, Coquimbo y Ovalle, que tienen mayores oportunidades para conseguir recursos para actividades culturales con el empresariado local, se lleven el 50% de los recursos, mientras las otras doce comunas se deben repartir el resto.
Una empanada demasiada jugosa para unas pocas comunas, mientras que para la mayoría el reclamo es que la empanada no es de buena calidad y repite, pues en todas las decisiones gubernamentales son perjudicados y menospreciados por la poca entrega de recursos.
Una lástima que las fiestas patrias para las comunas campesinas sólo duren un par de días.
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